domingo, 3 de noviembre de 2013

TU PARROQUIA INFORMA

Este jueves día 7 de noviembre es primer jueves de mes, por lo tanto será un día dedicado a orar por las vocaciones. 
A partir de las 18:30 horas Exposición del Santísimo Sacramento, y oración de vísperas. A continuación celebración de la Eucaristía.

Tal y como ha anunciado nuestro párroco, el próximo sábado día 9 a las 19:00 horas nuestra Parroquia con gran alegría recibe a nuestro Obispo D. Bernardo Álvarez Afonso, que nos visitará para conferir el Sacramento de la confirmación a un grupo de 19 jóvenes de nuestra comunidad. Desde el día de hoy invitamos a todos a orar por este acontecimiento y a dar gracias a Dios por estos jóvenes que libremente han dado este paso firme en el camino de la Fe. A su vez rezamos también por nuestro Padre y Pastor, y agradecemos de antemano su visita.

Este mismo sábado a partir de las 10:00 horas en la  Antigua Casa Parroquial habrá un encuentro con los agentes de Cáritas parroquial bajo el lema: "HACIA LA CONSOLIDACIÓN DEL EQUIPO DE CÁRITAS PARROQUIAL". El mismo estará dirigido por nuestro párroco D. Domingo José Díaz Herrera.


Comentario al Evangelio del Domingo 03 de Noviembre del 2013

José María Vegas, cmf
Zaqueo en la higuera
Jericó, puerta de entrada a la tierra prometida, es también el lugar por el que Jesús se acerca a Jerusalén para realizar allí su entrada en la gloria por la puerta estrecha de la cruz. Es un lugar adecuado para manifestar el sentido pleno de su vida y su misión: a qué ha venido el Hijo del hombre. La respuesta a esta pregunta, es decir, esta manifestación, se realiza no de forma teórica o abstracta, sino bien concreta y práctica: por medio del encuentro con seres de carne y hueso, como Zaqueo. Lo primero que sabemos de él es que era un tipo importante, jefe y, además, rico. Pero ninguno de esos atributos, tan sobresalientes de tejas abajo, le servían para ver lo esencial. Los puestos que alcanzamos, el éxito, la fama, la riqueza todo esto no nos hace grandes a los ojos de Dios. Zaqueo, hombre importante y rico era, sin embargo, pequeño y, por eso, no podía alcanzar a ver a Jesús. Hay cosas que parecen engrandecernos humanamente, según los criterios del mundo, pero que no nos dan la altura (moral, espiritual, de miras, como queramos decirlo), para ver aquello que nos puede salvar, que nos hace ser algo más que un “personaje”, y nos ayuda a ser de verdad nosotros mismos. Zaqueo, grande en un sentido (para ser visto por los demás) y pequeño en otro (para ver a Jesús), tuvo la capacidad y la sabiduría de reconocer su propia pequeñez: descubrió que los atributos de su grandeza no le servían de nada a la hora de encontrarse con Cristo. Por eso, sin reparar en su dignidad, o en lo que los otros (que lo conocían tan bien) pudieran pensar, buscó un remedio adecuado a la pequeñez reconocida y aceptada. Como un muchacho (haciéndose como un niño) se subió a una higuera, elevándose por encima de su propia miseria, de modo que pudo ver al Maestro que atravesaba la ciudad. Y lo importante es que Jesús lo vio a él, reparó en su presencia y se invitó a su casa.
No es secundario el detalle de que se subiera a una higuera. En la Biblia la higuera es símbolo del pueblo de Dios. Esa higuera podía tener una excelente apariencia, muchas hojas, y, sin embargo, ser perfectamente estéril. Jesús maldijo una higuera llena de hojas por no tener frutos (cf. Mt 21, 18-20) justo antes de purificar el templo, signo de una religión tan solemne como vacía. Pero Jesús no desespera de su pueblo y considera que la purificación puede acabar fructificando: en la parábola de la higuera estéril (cf. Lc 13, 6-9) se apela a la paciencia de Dios, que da un plazo supletorio para que el viñador la trabaje y dé frutos.
Zaqueo simboliza cómo la paciencia de Dios es fecunda, y justo allí donde menos se esperaba. Los fariseos, seguros en sí mismos, prontos a condenar a los pecadores oficiales, son como las hojas de ese árbol, que ha fructificado, sin embargo, en el pequeño gran Zaqueo, que ha buscado a Jesús y lo ha acogido en su casa.
Al contemplar esta escena caemos en la cuenta de que ciertos aspectos en principio negativos de nuestra vida pueden jugar un papel positivo y salvador. Zaqueo fue capaz de reconocer su pequeñez (que era un pecador) y buscó un remedio: subirse a la higuera. Es un buen ejemplo de lo que el Evangelio nos decía justo hace una semana: el que se humilla será ensalzado. Reconocer humildemente su pequeña estatura le sirvió para poder elevarse y ser encontrado por Jesús. También la primera lectura insiste en ello. La nada que somos ante Dios halla su remedio en la compasión de este Señor, amigo de la vida, en el que no hay lugar para el odio, que sólo crea y conserva lo creado y, cuando el pecado ensombrece la bondad de su obra, responde con el perdón y la misericordia. Este hermosísimo canto a la bondad de Dios y a la positividad de todo lo creado tiene especial relieve si tenemos en cuenta el contexto en que está escrito: el autor del libro de la Sabiduría reflexiona sobre la historia de la salvación y, en este preciso momento, está hablando no de Israel, sino de Egipto y de cómo los castigos que, en la tradición de Israel, Dios mandó a este pueblo idólatra y explotador del pueblo de Dios, no tenían un sentido destructor, sino que estaban dirigidos por una pedagogía salvífica y amorosa que alcanza a todos los seres, también a nuestros presuntos enemigos, sobre los que Dios también hace salir el sol y manda la lluvia (cf. Mt 5, 45). Y vemos aquí cómo lo que a nuestros ojos aparece como mal, como desgracias, limitaciones, defectos, Dios puede convertirlo en bien, en ocasión para una llamada y un encuentro salvador. Jesús, que atraviesa Jericó dirigiéndose a Jerusalén, es el mejor ejemplo, pues en Jerusalén va a encontrar una muerte que será fuente de vida y salvación.
En Zaqueo se anticipa ya esta acción salvífica. No sabemos de qué hablarían durante la comida, pero sí que conocemos los frutos de aquella conversación. Jesús habló y Zaqueo respondió a su Palabra. La presencia de Jesús en su casa le ayudó a sacar lo mejor de sí mismo: donde había injusticia, fraude y egoísmo, aparecen justicia, reparación y generosidad sobreabundante. Como dice Jesús, en respuesta al arrepentimiento y la conversión de Zaqueo, “la salvación ha llegado hoy a esta casa”. La salvación que porta Jesús nos ayuda a encontrar nuestra verdad, a llegar a ser el que realmente somos. Zaqueo significa “puro”. Sólo tras el encuentro con Cristo, Zaqueo empieza a ser sí mismo. Verdadero fruto de la higuera que representa al pueblo de Dios, Jesús con su presencia ha rescatado al que, sí, estaba perdido, pero que era también hijo de Abraham.
Zaqueo nos invita a pensar de qué cosas nos sentimos ricos e importantes, pero que nos hacen pequeños ante Dios y nos impiden ver al Jesús que pasa cerca de nosotros. Reconocer nuestra pequeñez es el mejor modo de hacernos encontradizos con Él y acogerlo en nuestra casa y dejar que nos hable al corazón. Jesús nos trae la salvación, nos libera de nuestras esclavitudes, saca de nosotros lo mejor de nosotros mismos, nos descubre lo que realmente somos y estamos llamados a ser: hijos de Dios.
Pablo nos avisa hoy de que no nos calentemos la cabeza con supuestas revelaciones acerca del fin del mundo. Hay quienes andan preocupados por venidas divinas terribles, llenas de amenazas y castigos por nuestros pecados, pero que poco tienen que ver con el Dios compasivo que “cierra los ojos a los pecados de los hombres”, que no ha venido a condenar sino a salvar y a buscar a lo que estaba perdido. La venida que nos debe interesar ante todo es este “pasar” cotidiano de Jesús a través de nuestra ciudad, de nuestra vida, y que se quiere encontrar con nosotros e invitarse a nuestra casa. Se trata de un encuentro que nos llama a iniciar un camino, una vocación que hemos de ir realizando día a día, pidiendo en la oración cotidiana (en la conversación con el Cristo que habla sentado a nuestra mesa) que Dios nos dé fuerza para que, como en el caso de Zaqueo, no se quede sólo en buenos deseos, sino que dé frutos de buenas obras.

viernes, 1 de noviembre de 2013

MÚSICA Y ORACIÓN: "No se han ido del Todo" Martín Valverde

Parroquia Matriz del Apóstol Santiago de la Villa Histórica de Los Realejos


Santos y difuntos – Por Juan Pedro Rivero



José Saramago, nuestro premio nobel de literatura (1998), escribió el año 2005 una inquietante y divertida novela titulada Las intermitencias de la muerte sobre una especial situación, aparentemente idílica, de un país donde la gente dejó de morir. ¡Qué tremenda desesperación! Lo curioso es que tras la lectura, personalmente, agradecí la suerte de no habitar esa novelada situación y tener la certeza de que, tarde o temprano, moriré. El mes de noviembre comienza con la Solemnidad de todos los Santos y la conmemoración de todos los fieles difuntos. Entre santos y difuntos… La globalización de las tradiciones nos ha traído, recientemente, al 31 de octubre la fiesta, de origen celta, del Halloween -noche de brujas o noche de difuntos-. Es normal; la muerte da miedo. Y no hay nada mejor que hacer jocosa broma para domesticar el temor. Pero tras el 31 de octubre, el 1 de noviembre, llega la solemnidad cristiana de todos los Santos; de aquellos que, tengan o no cabida en un retablo, gozan del merecido premio allende todo corazón anhela. Santos reales, no figuritas amansadas que podemos controlar; santos de los de verdad, que están donde todos aspiramos a estar: en el gozo de los anónimos hombres y mujeres fieles. Modelos para los de aquí, intercesores para los de acá… Santos, a los que pedimos su intercesión. Pero también, y pasando la hoja del taco al 2 de noviembre, difuntos a los que deseamos el gozo de lo eterno. Todos tenemos alguno cercano, más o menos reciente, por quien quisiéramos pedir paz y salvación. Entre santos y difuntos inauguramos el mes de noviembre. Al final las castañas…, pero ahora miramos a lo alto entre la gratitud y el desconsuelo. Unos 10 años antes de la novela citada, publicó Saramago otra novela en la que una ciudad oscurecía por la epidemia de una ceguera general. Ensayo sobre la ceguera (1995). Es angustiosa la creatividad literaria de don José de Sousa. Me gusta. Tal vez porque suaviza con su mensaje lo real y parece la fealdad que vemos menos fea. Santos, difuntos, intermitencias y cegueras… Camino de las castañas. 

*Rector del Seminario Diocesano